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Llegó al prólogo como un ciclista
en duda. Frágil, quebradizo, con las marcas
sobre la piel de las caídas y accidentes
que le han perseguido desde 2002, desde que ganó
su primer Giro. Savoldelli, el 'Halcón',
ha cambiado su signo. Puso en la balanza sus méritos:
nadie desciende como él y pocos en el Giro
le superan en la contrarreloj. En el otro plato
colocó su supuesta debilidad en la montaña.
Calibró. Es un ciclista mental. Donde no
llegan las piernas, alcanza la voluntad. Esperó
los hundimientos ajenos e incluso se impuso en
el puerto de Zoldo Alto. Sólo La Finestre,
la cuesta de tierra, cuestionó su Giro.
Savoldelli no tenía piernas para subirla,
pero sí alas. Las de su mente.
-Ha sido un Giro marcado
por la impresionante subida a La Finestre. ¿La
ha repasado ya?
-La comenzamos a un ritmo
vertiginoso. El equipo CSC quería ganar
con Basso. Pero pronto noté que Basso no
iba bien. Por eso no entendí su empeño.
-Usted enseguida se
quedó atrás. ¿No podía
seguir a Di Luca, Simoni, Rujano y Garate, o prefería
ir a su ritmo?
-Di Luca y Simoni pusieron
una velocidad increíble. Yo no podía
responder a ese ritmo y opté por seguir
el mío. Quería conservar las fuerzas
para el final. Tampoco quería encontrarme
solo en los últimos kilómetros.
Simoni es un corredor excepcional. Y se jugó
el todo por el todo. Sabía que no tenía
que caer en el pánico.
-Ha sido el suyo un
triunfo mental.
-Sí. Puedo decir
que he ganado el Giro porque me resistí
a perderlo. Conozco mis límites. Ahí
ha estado mi fuerza.
-Tras un Giro tan duro,
todo pudo decidirse en La Finestre. Por un momento,
Simoni fue líder. Di Luca parecía
volar y luego le frenaron los calambres....
-No hubo descanso. Mi equipo,
el Discovery, situó a tres auxiliares en
distintos tramos de la subida. Me dieron agua,
azúcar y sales.Por eso no pasé hambre.
Desde el inicio del puerto hasta la meta pasaron
casi dos horas y no hubo ni un momento para alimentarse.
En la Finestre
-¿Llegó
a ver perdido el Giro?
-Sí, en la Finestre.
Desde el equipo me tenían informado. En
un momento, me dije que no podía ceder
el Giro por aquellos 43 segundos que perdí
en la caída de la etapa de Frosinone. He
demostrado que sé resistir.
-¿Qué
supone esta victoria?
-Creo que es la confirmación
del Giro que gané en 2002. Después
no he tenido suerte. O por caídas o por
accidentes no he podido rendir como quería.
Esto me reafirma. He cerrado dos años de
calvario.
-¿Tiene dedicatoria
este triunfo?
-Es para mi cuñado
Carlo, que hace dos meses sufrió una caída
mientras andaba en bicicleta y está en
coma. Es mi mayor hincha. Mi esposa ha grabado
toda la etapa de la Finestre y se la va a poner
cada día. Seguimos confiando en que se
restablezca.
Popovych, el futuro
-Ahora le toca trabajar
para Armstrong en el Tour.
-Claro. Iremos a por el
maillot amarillo. No para mí, sino para
Lance, que está fortísimo. Seré
uno de sus gregarios. Tiene un carisma increíble
y está siempre atento a lo que les pasa
a sus compañeros. Le ayudaré a ganar
el séptimo Tour. Y luego, en el equipo
tenemos al corredor del futuro, Popovych.
-¿No aspira usted
al Tour?
-Cuando este equipo me
fichó, Bruyneel (el director) me dijo que
me querían para luchar por el podio del
Giro. Y que luego había que ayudar a Armstrong.
-En el Giro, apenas
ha estado arropado por su equipo.
-Pues de los tres podios
que he conseguido ha sido la vez que menos solo
me he sentido. Cuando fui segundo en 1999, el
Saeco sólo pensaba en Cipollini. En 2002,
cuando gané, todo el Alexia estaba pendiente
de Quaranta, que se quedaba en cada cuesta. Esta
vez venían los compañeros a llevarme
a la parte de delante del pelotón. Y yo
no estaba acostumbrado a eso. Además, en
la montaña estaba previsto que me ayudara
Danielson, pero tuvo que retirarse.
-En este Giro ha mostrado
una gran capacidad estratégica. ¿Será
director de equipo?
-No. Cuando me retire no
seguiré en el ciclismo. He montado con
unos amigos una agencia inmobiliaria. Mi futuro
está en ese campo.
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