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| Madariaga y Gorospe |
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Para Julián Gorospe, la de ayer era tarde de funeral. Eso tenía previsto: acudir a la misa de despedida de un conocido. Lo que no entraba en su agenda era su propio entierro como director deportivo del Euskaltel-Euskadi. Lo supo por una llamada telefónica. Sobre las cuatro y media de la tarde tenía que estar en Derio, en la sede del equipo.
Le esperaban las voces de Miguel Madariaga, mánager de la escuadra naranja, e Igor González de Galdeano, secretario técnico. Cruzaron frases en apenas dos minutos. Eso duró el capítulo final de nueve temporadas al volante del conjunto vasco. Escueto adiós.
-¿Qué explicaciones le han dado para no renovar su contrato?
-No me han dado explicaciones. Que se ha cerrado un ciclo y que yo no entró en el siguiente. Sólo he hablado dos minutos con Miguel (Madariaga) y con Igor (González de Galdeano). Miguel me ha dicho que no cuentan conmigo e Igor, que no valora mi trabajo, que no es de su agrado. No ha habido más comentarios.
-¿Temía una medida así?
-Bueno, ya lo hablamos tú y yo en el Tour. Allí salió por primera vez que mi futuro estaba en cuestión. Luego ha habido declaraciones de Miguel que dejaban entrever algo, pero nada definitivo. Lo que sí les había pedido es que me lo comunicaran cuanto antes, para lo bueno o para lo malo.
-Y ha sido lo malo para usted. ¿Por qué cree que han tomado esa decisión?
-No lo sé, de verdad. Ellos tienen otras ideas, otros planes. Querrán cambiar el equipo. No sé.
-¿Qué va a hacer?
-Bueno. Tengo diez años de experiencia como director de equipo. Eso cuenta. Trataré de seguir ligado al mundo del ciclismo. Creo que aún puedo aportar cosas. No sé si como director o en otro puesto.
-¿Había iniciado ya algún contacto con otros equipos?
-No. Yo nunca me he movido. Mi intención era seguir en el Euskaltel-Euskadi. Creo que he cumplido con el trabajo que me encomendaron. Por eso no me voy desanimado. Yo he cumplido.
-¿Qué balance hace de sus ocho años como director del equipo naranja?
-Importantísimo. Cuando llegué era un conjunto muy modesto, que había sobrevivido con sólo un patrocinador. Luego nos pusimos como objetivo entrar en el Tour. Era casi un sueño, pero lo conseguimos. Nos costó mucho. Nos marearon, hasta que por fin logramos la plaza de invitación. Dimos un gran salto. Fue un trabajo realizado entre todos.
-¿Cuál fue su mejor momento al volante?
-Ha habido muchos. Las victorias. Y no sólo las del Tour, que son las que más se valoran desde fuera. Yo valoro también otras. Como aquéllas que al principio logramos en Portugal.
Sin mano dura
-Desde hace tiempo, en el entorno del Euskaltel-Euskadi se hablaba de usted como de un director blando, sin mano dura.
-No es así. He sido exigente con los corredores. Lo que ocurre es que exigía cuando se podía exigir. Si un ciclista no está bien, no le puedes pedir que ande con los mejores. No es cierto que me falte mano dura.
-La llegada este año de Igor González de Galdeano, su inmediato superior en la jerarquía del equipo, parece haber desencadenado su salida. ¿Cómo ha sido su cohabitación con él?
-No hemos tenido apenas comunicación. A mí no me ha informado de casi nada. Cuando Igor ha tenido que preguntar algo, se ha dirigido a otros. Ha habido poca comunicación. Ésa ha sido su actitud conmigo. No sé. No le habrán gustado las cosas que yo hacía. No lo sé.
-No es, desde luego, la salida que esperaba.
-No. No esperaba una salida tan fría. Ya me han comunicado que no iré como director a la Vuelta a España. Estaré en la Vuelta a Polonia y quizá en alguna carrera más. No es la salida que esperaba, pero estoy contento de mi trabajo y de los resultados que he obtenido con él.
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