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102 años de Tour (2ªparte)
El mejor escalador de todos los tiempos y el 1er español en ganar el Tour: Bahamontes

Federico Martín Bahamontes ganó el Tour de 1959 y ostenta el récord de reinados en el Gran Premio de la Montaña, seis, empatado con el belga Van Impe

El "Águila de Toledo" relata por qué se detuvo en el Col de la Romeyère con dos radios rotos en su rueda trasera, cogió un cornete de vainilla y esperó durante catorce largos minutos a que llegara el pelotón en los Alpes

Un águila parda disecada preside el despacho de la tienda de Federico Martín Bahamontes en la plaza de la Magdalena de Toledo. Se trata de un amuleto añejo que retrata la personalidad del protagonista, el "Águila de Toledo". Dos cosas inflaman el orgullo del primer español ganador del Tour (1959). Este mote acuñado por Jacques Goddet, que le ensalza como el mejor escalador de todos los tiempos. Y su récord, su legado personal que lo corrobora. "Yo gané todas las clasificaciones de la montaña de todas las carreras que terminé. Y hoy las gana cualquiera", proclama ufano.

Don Federico tiene 75 años y una historia detrás de cada palabra. Ahora que trabaja de sol a sol en su finca toledana y en su negocio de bicicletas, el recuerdo de aquella palabra, el Tour, le suena nítido. "Debuté en el Tour en 1954. Berrendero, que era el seleccionador, me llamó a casa y me preguntó si estaba preparado. No me atreví a decirle que no. Pensé para mí que no hablaba francés, no había salido nunca de España, no tenía equipaje, no sabía nada. Así que recurrí a la familia. Madre, ¿puedo ir al Tour?. Dudó un poco, pero me dio permiso. Fui y regresé con el Gran Premio de la Montaña".

Así empezó su idilio con Francia, con una recepción en Toledo en el verano de 1954, catorce bandas musicales y Bahamontes de maletilla en una capea. En el Tour de 1956 fraguó su leyenda. En la cima del Col de la Romeyère, en los Alpes, a 1.074 metros de altitud, entre el Isere y la meseta de Vercors, se paró a degustar un helado cuando iba primero. El famoso helado de Bahamontes, un suceso que acentuó su aureola de personaje excéntrico. "Me escapé con Leguilly, Lazaride y un belga. El coche del belga se acercó para decirle que no tirase, porque eso me favorecía, y al pasar a mi lado saltó una piedra y me rompió dos radios de la rueda trasera. Era un puerto corto, pero muy duro. Tenía rampas muy fuertes. Cuando llegamos a la cima estaba nervioso y cabreado como una mona. Berrendero no venía para arreglarme la avería. Así que me paré".

A Bahamontes no le tiembla la memoria. Describe cada detalle con lupa. "Había dos carritos de helados, cogí un embudo y me puse uno de vainilla. No me podía contener de la rabia. Los aficionados me querían robar el dorsal. Aquello estaba atestado, como en todos los puertos del Tour. Como era una escapada como Dios manda, y no como las de ahora, el pelotón estaba a catorce minutos, pero yo no lo sabía. Como no venía nadie, cogí agua de un arroyo cercano y cuando apareció el pelotón les remojé con el agua".

Unas migas con Coppi

La historia sigue: "Era un puerto que apenas tenía descenso, pero no lo sabía. Cuando me arreglaron la bici, tomé avituallamiento, plátano, un poco de azúcar, y miré el croquis de la etapa. Me volví a escapar. Y coroné el siguiente puerto en cabeza, pero agarré una pájara de escándalo, de las de antes. Yo me preocupaba de la clasificación de la montaña". El toledano acabó ese Tour en el puesto 25, pero con el reinado de la montaña.

En octubre de 1958, una mañana de galgos en Talavera de la Reina terminó por convertir a Bahamontes. Fausto Coppi, su amigo, le convenció: "Nos estábamos comiendo unas migas cuando Coppi me soltó que yo era un campeón. "Si haces la general y te olvidas de la montaña, ganas el Tour", me dijo. ¿Pero dónde vas, que el Tour es para campeones?, le respondí. Pero si en el Tour del año pasado me había comprado Binerva (vitamina C) y Redoxon (vitamina B) en el día de descanso y cuando me picaron en la vena me atravesaron el brazo. ¿A dónde iba a ir yo?".

Aquella mañana de cacería con el mito italiano desembocó meses más tarde en el Tour del 59. La gente hablaba de Anglade, que era el campeón de Francia, del italiano Baldini, que era el campeón del mundo, de Anquetil, el joven normando que ya había ganado el Tour 57: "Sí, sí, pero también de mí. La preparé, pero bien, en la etapa de Aurillac. Le dije a Langarica que cogería el avituallamiento por la izquierda cuando todos lo harían por la derecha. Y ahí ataqué. Hacía un calor terrible y me rocié el cuerpo de aceite de oliva. Les dejé a todos, Anglade, Anquetil, Baldini. Cuando entré en el velódromo me convencí de que ganaba el Tour. Y en el Puy de Dome dí el festival".

En once ediciones, Federico Martín Bahamontes pasó 51 puertos en cabeza del Tour. Cuatro veces el Tourmalet, el Peyresourde y el Aubisque. "Y ni siquiera me daban un maillot".


 
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